compras digitales


A veces, casi siempre, la vida nos castiga con imprevistos que no podemos dejar pasar. Vengo de deshacer una operación comercial establecida en el marco de la confianza, y prometerme no volver a comprar nada por Internet, por norma. Es la tercera vez que me pasa y francamente, me aburre el papeleo en que te ves metido cada vez que quieres retraer un cobro indebido. Así que corto por lo sano: no compro en Internet. Al menos hasta que se estabilice el comercio y el control de pagos con mejores garantías que las actuales. Por si a alguien no le ha pasado aún, quiero pormenorizar el proceso para que sirva de aviso:

¿aconsejo las compras por Internet? no

(al menos hasta asegurarte la confianza del vendedor).

  • -compras un servicio fiándote de algo que te dice la landpage (página de inicio), que te das de baja cuando quieras.
  • -llega el momento y no encuentras ningún botón en el que solicitar la baja ni buzón al que dirigirte. Los intentos de conexión son repetidamente ignorados.
  • -avisas a quien se te ocurre y confías en que te lo solucionan.
  • -como no te lo solucionan, tienes que recurrir a devolver el recibo del mes.


Y entonces viene el segundo calvario:

  • -llama al banco para que te explique cómo se hace una retrocesión.
  • -te manda un formulario que tienes que imprimir (¿y si no tienes impresora?), rellenar y escanear (¿y si no tienes escáner?)
  • -lo rellenas y lo envías. Si hay suerte, que si la línea está chunga, tienes que esperar a conectarte desde la biblioteca.
  • -y quedas con la duda ¿será suficiente con ésto o me pedirá el banco más papeles y pruebas?

De forma que una vez lleno el vaso, está rebosante. Hay que vaciar para que no rebose y se desborde, hay que recortar y renunciar a aquello con lo que no podemos combatir. Y las compras por Internet resultan muy caras en tiempo de corrección de errores, así que mejor prescindir.