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Me apunto, aunque No es mi Carro.

Noemí Carro es una copywriter filósofa (¿o una filósofa que hace copywriting?) que viene aprendiendo a extractar esencias. Y lo hace muy bien.


Tiene mérito si pensamos que vivimos en tiempos de penuria donde un partido se atreve a proponer eliminar la asignatura de Filosofía de los planes de estudio. Debe ser muy incómodo enseñar a pensar desde unos ciertos postulados políticos en los que pensar en libertad es un peligro gordísimo.


En el mail de hoy (14-9-2020) viene a resaltar dos aspectos de la vida tremendamente importantes: filosofar es pensar en los alrededores, y en la operación se pasa mal.


Pensar en lo ajeno siempre es incómodo porque nos aleja del área de confort. Pero se hace imprescindible si queremos, como afirma Patañjali en el sutra 16 del libro segundo de los Yogasutras, que “lo importante sea evitar el dolor futuro”.


Añade (Noemí, no Patañjali) que viene descubriendo lo mucho que le aporta la relectura de clásicos. Yo, que estoy en la idea de “nihil novum sub sole”, de que todo está dicho hace tiempo y por tanto sólo queda reinterpretarlo adaptándolo a la actualidad, apoyo firmemente la propuesta de relectura y acotación, que es la forma de dar a conocer las perlas que en el camino podemos descubrir.


Estoy tentado a proponerle hacer una pirueta léxica: ya que por distintas vías sabemos que “todo cambia” por un lado, y que “somos el relato” por otro, se podría buscar el relato adecuado al siglo XXI. Un espacio en que apostar por discernir, acercándonos al negro sobre blanco, las condiciones de posibilidad de un bienestar que sabemos posible pero continuamente en riesgo de retroceso.


Podría quedar bien: ya que pecamos necesariamente de egotismo (gracias a la entidad biológica que somos, lo que nos obliga a priorizar la existencia propia entendiendo que la caridad bien entendida empieza por uno mismo), habría que plantear un escenario en que en todo momento se pusiera en solfa dicho egotismo para evitar espejismos sesgados. A partir de ese escenario, fijar las certezas (que no verdades) que el trascurso de los siglos ha ido asentando, con la intención clara de desentrañar el malentendido lacaniano o el antiedipo deleuziano. Como decía el sitio web desaparecido Caósmosis, un lugar donde establecer un “abrevadero teórico para la construcción de máquinas de guerra contra cualquier subjetividad absolutista”

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