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Ofendiditos

Sobre el negacionismo ignorante de los ofendiditos.

La culpa de todo la tiene la tele (tv). Llegó en los años 70. Curiosamente, cuando se disparó la natalidad. En 50 años hemos parido más niños que en 10.000.

Curiosamente también, llegó con el neoliberalismo de Reagan y Thatcher, que inauguró la etapa ultraliberal quebrada en 2008 con Lehman Brothers.

Vino, la tv, se instaló en el salón y se puso a hablar sin parar ni escuchar. Y con ella la Sociedad del Ocio. Y vinieron los tertulianos e inventaron el negacionismo aprovechando la ignorancia de la audiencia. Por hacer espectáculo. Lo que pronto se conoció como telebasura y que tan buen futuro ha cosechado.

La historia tiene la palabra y yo no soy nadie ante la historia, pero así entiendo la psicología del negacionista: ha sido criado en la incipiente sociedad del ocio ante una pantalla de tv.; el indeseado laisez-faire económico del momento le sustrajo de la filosofía del esfuerzo de sus padres; creció sabiendo que podría vivir como cantante o presentador televisivo; así que desarrolló el síndrome de Peter Pan y se instaló en el complejo adolescente de quien no quiere crecer y cronifica las dos características más resaltables de la adolescencia: la rebeldía antiautoritaria de rechazo al padre y la respuesta siempre pronta ante la falta de argumentos: y tú más. Característica adolescente que por cierto Aznar trasladó a la política con el éxito esperado y que nos ha llevado a donde estamos. Y sólo les faltaba la disculpa de un Partido Político que institucionalizara la ofensa para hacerse los ofendiditos ante cualquier obstáculo que se interponga entre la realidad y sus deseos paranoides.

La ignorancia interesada (egotista) y el gusto por el chiste y la evasión, hicieron el resto. Creció el espectáculo, pasando a ser un sector económico de primera magnitud. Por ganar audiencia todo vale.

Menos mal que llegó el aifón en 2007 de la mano del santo Jobs.

Es todo un estudio de tv en cada bolsillo, de forma que ya todos podemos grabar y emitir todo lo que se nos ocurra. Las “nuevas profesiones” (léase youtuber influencer) arrasan. Y los atontados adolescentes creen que con una gracia que hagan tienen la vida resuelta. Sin pararse a considerar el inmenso caudal de esfuerzo que representa en la mayoría de los casos hacerse con una audiencia.

Hemos acabado siendo una población de soldados aburridos por falta de guerra haciendo chistes en la taberna del cuartel y mosqueándonos con la mesa de al lado, que ha hecho mejor chiste que el nuestro, por lo que subimos el tono de voz para hacernos oir. En un crescendo que termina siendo un guirigay que no hay dios que distinga.

Mal futuro nos veo.

adelgado@acta.es 16-8-21.

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